martes, 27 de noviembre de 2012
La Noche de Venus de Luna
Cuando la tristeza me invade de repente como un suspiro en el aire, me doy cuenta, que estoy completamente sola en medio de la oscuridad de mi alma. No importa cuánto trate de comprender, o de entender, porque estoy aquí. A veces la vida nos guía de una manera misteriosa y sin palabras, que lo único que me queda es entregarme al vacío y abrazar el silencio.
Podría dar vueltas una y otra vez en mi cama, en mi mente, en mi alma... y al final ¿Qué es lo que veo? Puedo sentirte de nuevo, como en las noches de invierno de hace unos años, en la que los 2 nos amábamos apasionadamente y en secreto. Escondidos a ojos de los demás, porque nuestro amor, era un amor secreto. Y he de confesarte que en veces lo extraño, y en otras ocasiones no tanto, porque sé que esos tiempos ya pasaron y quizás ya nunca volverán a ser igual.
Extraño la mujer que era en ese entonces cuando estaba a tu lado, porque me sentía completamente entregada a mi oscuridad, a mi sombra, a mi lado seductor y sensual que siempre estaba irradiando para enamorarte cada noche más... Conocía el deseo, mi lado animal y la pasión que me envolvía y me desquiciaba hasta llegar al éxtasis, con tan sólo un roce de tu piel, con tan sólo un roce de tus labios. Con tan sólo tu aliento en mi cuello. Eras mi vampiro del alma. Mi guapo seductor y caballero de la noche fría.
Con esa mirada felina me conquistabas cada vez que me atrapabas con tus ojos verdes pardo, con tu voz suave y persuasiva, con tu cabello alocado, tu piel blanca y pálida, tus labios suaves, tus manos grandes que me encantaban cuando me tomabas de la mano y me acompañabas a las penumbras de la puerta de mi casa.
Extraño esas noches y esos días... Extraño la pasión que me envolvía y me hacía arder de locura cada vez que te veía y sentía como se me saltaba el corazón del pecho, y mi estómago comenzaba a retorcerse de placer, cómo te pensaba con desesperación y cada canción me recordaba tu nombre.
Realmente estaba enamorada, entregada, te deseaba con tanto ahínco y anhelo. Eras mi único hombre, el único que podía seducirme con tanto deseo que me embriagaba hasta cada centímetro de mi ser. Sí tu me lo hubieses pedido, yo jamás me habría negado a entregarme en una noche de tantas que estuvimos tan cerca... tan cerca.... y sin embargo te mantenías distante y alejado de tus deseos... por miedo a perder tu libertad y enamorarte de mi.
Realmente te amaba, te soñaba, te pensaba, te deseaba... Eras para mí mi único y mi todo. Aunque jamás te lo decía, porque yo tampoco quería perder mi libertad. Probé muchas bocas, muchos sabores, muchos colores y matices... pero sin embargo no podía sacarte de mi ser. Eras tú el único.
Así pasaron 2 años, hasta que un día, me di cuenta que quizás jamás te entregarías, y decidí soltarte. Comencé varias relaciones, pero ninguna me dejó satisfacción. En el fondo, yo seguía amándote. Y me hice tu amiga, "una de las mejores" decías tú, y conocía todo de ti, aunque tú no sabías casi nada de mi....
Y así pasaron los meses, hasta que una noche, dada por vencida, tú me dijiste: "Quédate esta a noche, quiero dormir contigo... Por favor prométeme que te quedarás..." Y yo sin decir nada, sorprendida por tu petición, acepte, y te lo prometí, confiada que quizás más adelante cambiarías de opinión.
Pero avanzo la noche, y no cambiaste de parecer, fuiste hacia mi, me tomaste de la mano y me llevaste a tu habitación... Yo estaba nerviosa, había esperado ésto durante más de 2 años y no lo podía creer. Mi corazón comenzó a palpitar rápidamente y cuando cerraste la puerta, te acercaste en silencio y me besaste. Me besaste de esa manera tan única y especial, esa manera en la que sólo tú sabías hacerlo. Oh mi amado Christian, te deseaba tanto...
Y cuando sentí a la pasión recorrer mis venas, y elevarme, te detuviste. Me pediste que esperara un poco más. Y yo deseosa por querer que me tomaras en ese mismo instante, no podía contenerme pero acepté.
Y pusiste nuestras canciones favoritas, las que a ti y a mi nos encantaron desde que nos conocimos. Y nos sentamos en silencio mientras me abrazabas, y sentí esa energía misteriosa saliendo de mi pecho y entrando al tuyo. Sentí tu calor, tu ternura, tu entrega. Sentí tu Amor. En ese momento descubrí que realmente me amabas, y habías estado esperando tanto tiempo como yo. Y nunca me lo decías porque a ti no se te daban esas "cursilerías" pero fuiste tan romántico sin proponertelo. Y por eso te quiero.
Todavía recuerdo esa noche, que después de estar horas y horas abrazos en la oscuridad, escuchando las canciones que siempre me dedicabas en silencio, tomaban sentido. Y fui tan ciega y tan ingenua al no darme cuenta que tú también me amabas y me deseabas. Ahí lo vi todo. Y me llevaste a la cama, comenzaste a besarme de nuevo, me acariciaste con tus manos suaves y exactas... tocándome donde me estremecías hasta los huesos... Y te amé. Y me entregué esa noche con todo el corazón, y con toda el alma a ti. Me entregué en esa música de tus besos, de tus caricias, de tu aliento, de tu cuerpo. Y me besaste todo el cuerpo, con un amor y una devoción que nunca había imaginado que tú sentías... Y me elevaste hasta el cielo y me llevaste al más hermoso y maravilloso éxtasis del universo... y hoy te quiero tanto!
Y hoy te veo, y me pregunto que fue lo que cambio. ¿Se nos hizo costumbre vernos? ¿Dejé pasar mucho tiempo desde esa última vez en que estuvimos juntos, y regresamos a nuestro habitual desengaño? ¿Será que aún me amas en silencio y no te atreves a contarme, a decirme lo que me escribe tu alma?
Una noche me dijiste que como sería si viviéramos juntos, si te dejaría hacer las cosas que a ti te gustan hacer y no me enojaría. Si podrías hacerme el amor cada noche y cada día y darme besos en mi panza. Y yo te dije que sí. Sólo eso, porque tu sabías que estaba enamorada de ti. Y aceptaría todo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

Soy tú yo del futuro, y créeme que todo lo que idealizas de éste tío son fantasías que están en tú mente. Llega un punto en que se reencuentran de nuevo, y a ti te da flojera porque sigue siendo el mismo que conociste y hasta te preguntas a ti misma en medio de un ataque de pánico: -¿Qué le vi a éste? ¡Qué hueva de tipo!
ResponderEliminar