miércoles, 9 de enero de 2013

Entendí.


Entendí que las palabras, se quedan atrapadas en la memoria, en el papel, o en el viento. Pero nunca son eternamente fiables, cuando de estar seguros se trata.

A veces estar tanto tiempo atrapada dentro de tu cabeza es enfermizo y te convierte en un demonio de los pensamientos oscuros y lascivos, llenos de odio, rencor y tristeza.

Irradias lo que llevas dentro, así que te si te sientes de está manera lo vas a expresar de algún u otro modo. Ya han pasado 9 días y aún nada de nada. ¿Qué es lo que ésta pasando?

Tus ojos, tus labios, tu cara, tu piel, tu rostro, tu cabello, tu estatura, tu cuerpo. TODO absolutamente todo tu cuerpo me está hablando en éste momento. Y noto que emite gritos de desesperación y angustia. Es triste saber que éstas triste. Es triste verte deprimida. Es triste verte apagada, sin luz y sin brillo.

Es triste volver a regresar de nuevo a los viejos patrones de autodestrucción y suicidio lento y doloroso. Te desconozco, y me duele desconocerte. Me duele sentirte tan lejos de mi, estando relativamente cerca. Me duele todo de ti, porque te amo, y me entristece hasta el alma, saber que estás llorando y sufriendo por dentro, que no lo gritas ni lo callas, sólo lo resplandeces, cómo la luz del sol, resplandece en el día, o la luna llena brilla en la noche. Y todos advierten el cambio, hasta tú, pero no te importa. ¿Qué otras cosas ya no te interesan?

La conexión. ¿Qué hay de ello? ¿Realmente piensas en conexión? Ya no sé qué es eso. Ni siquiera sé si realmente existe. ¿Existen los bellos cuentos de hadas y de finales felices? No lo creo. No creo que sean verdad.

¿Existe la justicia divina? Quizás existe la justicia que te das tú mismo, de acuerdo a tus niveles de culpa. Enojo. Sí, bastante. Ardiente y enfermizo, cómo cuándo el fuego abraza las ramas de un árbol, y de repente todo el bosque está encendido, enfurecido y enojado. Ardiendo y destruyendo todo a su alrededor, así me siento yo en veces. Como ese fuego embravecido, arrasando con todo, acabando todo signo de vida, y nublando la vista con todo ese dolor y odio de color negro.

¿Qué está pasando? A veces la respuesta esta más cerca de lo que buscas, y de lo que pretendes. Te odio. Puedo decir eso ahora. Te detesto en el fondo de mi ser. Me das asco, me decepciona tu manera tan estrecha de ver la vida, de relacionarte. Me decepciona tu poca visión de ver las cosas, y de que no puedas aceptar que alguien te ame. Que desde tu ego creas otras cosas que nublan tu visión. Me enoja y me molesta. Es cómo la explosión de un volcán que en vez de arrojar lava, arroja vómito. Y odio tanto esa parte tuya, es tan obvia, tan innegable. Tan poco sutil y tan egoísta. Te odio a ti.

Y nuevamente puedo ver tu máscara. Y me molesta aún más, que a sabiendas de la máscara que usabas y te ponías para atraparme, yo decidiera creer en ti y darte una segunda oportunidad, y una tercera, una cuarta.
Sobre advertencia no hay engaño, ni deseo, ni sometimiento.

Te odio tanto, y al mismo tiempo me odio a mi. Por creer en ti. Y deseo dejar todo ésto a un lado. Olvidarlo. Sacarlo de mi mente, de mi cabeza, de mis razonamientos, de mi respiración. Borrarlo de mi visión y de mi entendimiento. No he preguntado nada, pero es lo que me imagino o lo que mi cabeza en veces supone. Y crece la maraña de historias, y de polvo, y de toda esa maldita basura que hay por doquier, en el maldito sótano de mi subconsciente. La mente jugando su juego, de siempre querer tener la razón.

Y yo dejándome dominar por mis pensamientos, en vez de yo dominarlos a ellos. ¿De qué quiero tener el control? De nada, ya no quiero nada. De verdad ya no deseo nada que venga de ti. Ya no te quiero. No espero nada, no anhelo nada, el hechizo se ha roto. Y me duele, pero me duele más vivir en un espejismo, en una proyección que ya no tiene fundamento.

Quise engañarme a mi misma nuevamente, probando un sedante para escapar de la realidad. Pero no me funcionó. Ya no me funciona más, de nuevo he muerto. Y está bien, tarde o temprano tenía que pasar. Ya no duele cómo al principio, cómo antes, como ayer.














1 comentario:

  1. Me hubiese gustado saber que en realidad sufría de depresión y que debía de haber ido con un terapeuta, psicólogo o psiquiatra. Estabas pidiendo a gritos ayuda, lo siento mucho.

    ResponderEliminar